El pueblo de Valdesoto

                                                Siero (Asturias)


 

VIAJE DE JOVELLANOS A VALDESOTO

20 de OCTUBRE de 1790

Jovellanos se encuentra, a partir del 8 de septiembre de 1790, en Gijón, a donde había llegado desde Madrid. Después de unos días de descanso, emprende un viaje por Asturias comisionado para examinar los problemas que planteaba la explotación del carbón en Asturias.

El problema, en síntesis, era el siguiente1. La explotación de carbón en Asturias empieza a desarrollarse con cierta intensidad entre 1760 y 1770. El interés nacional que despierta nuestro carbón, es el nuevo sistema de lastre que empiezan a utilizar los barcos de guerra al emplear lingotes de hierro fundido, que permitía obtener unas piezas de peso uniforme, lo que era muy importante para la estabilidad de los barcos. Para la fundición de este hierro se utilizaba carbón mineral. Por eso el ministerio de Marina tiene sumo interés en disponer de minas que abastezcan el consumo de los hornos dedicados a fabricar estos lingotes y también armas y municiones. Este el contexto en que empieza a explotarse el carbón en nuestras cuencas mineras.

    Sin embargo, surgen los primeros problemas para el carbón asturiano: los delegados y subdelegados del ministerio de Marina en Gijón impiden la exportación de nuestro carbón a otros puertos nacionales y extranjeros. Esta es la queja que plantea el comerciante gijonés Juan Bautista González Valdés al  ministro de Marina el 2 de diciembre de 1788. Le habla de la abundancia del citado carbón en Asturias y de la importancia que tendría esta explotación para el desarrollo de toda la nación; pero le pide que se levante la prohibición de exportar carbón asturiano a otros puertos tanto nacionales como extranjeros. Ante este conflicto, el ministro, Antonio Valdés y Baizán, pide informes a Jovellanos. Este contesta con su "Informe sobre el beneficio del carbón de piedra y utilidad de su comercio" (9 de abril de 17892). Jovellanos defiende varios puntos para lograr una rentabilidad económica: la libre explotación de las minas de carbón, una red de carreteras que permita el transporte del mineral al puerto de Gijón y una escuela de mineralogía que ofrezca una formación teórica y práctica para una eficaz explotación de las minas. A lo largo de 1789, en varias reuniones, el gobierno central de Madrid se muestra receptivo a las peticiones de Jovellanos. Para llevar a cabo tan amplio proyecto se le encargará que viaje a Asturias a fin de que, ‘in situ’, examine de cerca los problemas que planteaba la incipiente minería asturiana.

Este mandato es lo que intenta cumplir en esta “inspección de minas” que realiza en tres viajes: 1º Gijón-Ribadesella-Llanes con visita al santuario de Covadonga. 2º Gijón-Avilés. 3º Gijón –Valdesoto. Los tres recorridos los realiza de continuo. Este es el contexto de una de las visitas más significativas que Jovellanos hizo a Valdesoto, cuyas impresiones dejó recogidas en su Diario que transcribimos a continuación3:

Miércoles, 20 de Octubre.- Salida de Oviedo a las nueve y media de la mañana tiempo nublado y bochornoso; camino por la nueva carretera; excelentes terrenos cerca de La Pola; prado de D. Bernardino Asón, en que se tasó un día de bueyes en partición judicial, en 700 ducados. Le hay también de tierra labrantía valuado en 500 ducados. (Un día de bueyes comprende 60 varas de largo y 30 de ancho, o 1.800 varas cuadradas. Subida al monte, de la parte desde donde se registran los concejos situados en derredor del de Siero. Por Oriente, Sariego, Nava, Bimenes. Al Sur, Langreo, Tudela. Poniente, Oviedo, Llanera. Al Norte, Gijón, Villaviciosa. Además, se ve todo Llanera y Las Regueras, y montañas y algunos valles de todos los concejos de Asturias, menos los que están de Luarca allá. De allí se descubren muchos montezuelos de figura de un cono, que no son más que cráteres inversos, si puede decirse así. A comer a Valdesoto; magníficamente; pero solos el Magistral, Antón y Martinita Carreño [y Cañedo] y yo. Larga siesta; por la noche se escribió la descripción de las operaciones del maíz por el método que se verá.

Jueves, 21.- Salida de mañana; subida al monte del Carbayín; toda la pendiente expuesta al Norte; abundancia increíble de minas abiertas en él. Vimos la mina de la Riega del Coplu, colocada su veta verticalmente; cinco cuartas de ancho; costeros de peña; algo echada sobre Poniente. Se trabaja con cincuenta varas dentro; siguiendo la dirección al sur, vuelta a poniente. Excelente carbón; en el fondo había una cámara como de dos varas de ancho. Un mozo saca el carbón en un cesto, le va llevando al carro, luego se calcula el peso a ojo, y se cobra por cada arroba un cuarto; así que suelen llevar una peseta por un carro tirado de dos bueyes, y seis [reales] por otro tirado de seis, pues se regulan los primeros de 32 a 36 arrobas, y los segundos de 50 a 54.

Cargaba entonces su carro Pedro Carreño, vecino de La Carrera; tenía dos bueyes de valor de sólo 600 reales y llevaría de 36 a 38 arrobas, por confesión suya, del mozo, de los carboneros. Dijo que con los mismos dos bueyes había llevado, desde Lieres a Gijón, 46 arrobas.

Salida a las ocho dadas; el jueves 11, a buscar el monte del Carbayín, perteneciente a la parroquia de Valdesoto; abundancia de minas en la ladera expuesta al Norte. Mina de la Riega del Coplu. Dos trabajadores (Pepe Casomera y su hermano, y otro llamado el Cotín) en ella, a la profundidad de cuarenta a cincuenta varas, sin un solo puntal. Otra que llaman del Soldado (mote), que está en la Rieja del Carbayín, castañedo de Alfonsón. Mina grande en el mismo monte (castañedo de Pachín de Argüelles), trabajada antes por los ingleses, hoy cegada. Horno para ensayos, pequeño, muy rebajado, sin respiradero, con boca en arco. Se trajeron muestras de carbón, y de quat [coke] esto es, crudo y desazufrado.

Monte de la Cruz, en la misma parroquia; vertientes al Norte; se ve el sitio de la parroquia de Feleches, donde se hallan cuatro minas grandes; siguiendo la misma falda, en la parroquia de Lieres, está la mina grande del monte de Lieres, a un tiro de fusil del Plantío Real, beneficiada, según arte, por los ingleses: nueve varas de ancho; está en la primera cueva, o galería, a treinta varas en lo interior; baja, primero, sigue luego horizontalmente, y al fin, sube, volviendo sobre la derecha. Corren hoy los trabajos a cargo de este Policarpo Fernández, por estar ausente el inglés. Su hermano es también instruido. Trabajan hoy tres cavadores a cinco reales de jornal. Policarpo tiene ocho; el inglés, veinte. Principiaron por San Fernando de este año. Han enviado a Gijón mil quintales; han vendido para caleros, ciento cincuenta; van gastados seis mil y tantos. Camino por Pangrán y Ruedes, distantes del puerto cinco leguas.Hoy toman ya el camino de La Rodriguera, incorporándose en el camino, de las otras minas en la Barrera.

El carbón, excelente, pero blando; se deshace fácilmente al aire, y queda sólo de uso para caleros; pero se sacan grandes témpanos, y es también extraíble.

Siguiendo el mismo monte por la misma parroquia hacia oriente, al medio cuarto de legua está la mina del Solano, en el confín de los concejos de Siero y Nava; pero ya en éste; grande y la única que se conoce en él. Probada por los ingleses y pospuesta a las dos citadas. Comimos en Aramil, en casa del primo don Sebastián Vigil Jove Ramírez.

Viernes, 22.- Salimos al frente hasta subir los montes que vierten al valle de Langreo; pasamos por el lugar de Caballeros, parroquia de Hevia, desde donde vimos el incendio del lugar del Corripu, de la de Valdesoto, situado en una altura a distancia y mano izquierda del camino. Deliciosa vista del valle de Langreo (en instrumentos antiguos Lancritus), atravesado por el Nalón; muchos y bellos prados coronados de árboles en la parte más ancha, que es una vega fertilísima. Algunas minas antes de bajar, casi horizontales y con exposición entre oeste y sur. Faldeamos el valle por la izquierda; subimos a los montes en que están las minas más abundantes que reconocimos; muchas, abundantes, verticales, expuestas entre norte y poniente, altas en las cañadas de las vertientes, bastante anchas, y de buen carbón. Comimos muy agradablemente en un castañar; seguimos toda la orilla del río hasta subir por la izquierda la parte más baja del monte del Carbayín. Antes de llegar a su altura vimos la mina llamada del Madrilanu, por quien la beneficia, en el sitio llamado del So’l foru: abundante, de cuatro a cinco varas de profundidad, expuesta entre sur y oeste, vertical y algo inclinada al norte. El solo sacaba; había dos carros, uno cargado y otro a la carga. Se regulaba ésta de treinta y cuatro arrobas. Se saca cada carro con los cuatro bueyes hasta la altura; allí cada yunta toma el suyo, y sigue hasta Gijón, por Siero, a salir bajo La Rodriguera al camino nuevo. En frente, hay otra mina del mismo; quiere establecerse allí, abrir un trozo de camino, hacer casa; estorbado por un vecino, sin embargo de ser el sitio común. Al paso tocamos en Arenas mineral de succino; no le vimos por ser noche.

Sábado, 23.- Visitas en casa de don José [García] Argülles, llamado de la Cabezada, casado con mi señora Dª. Manuela de Llano Ponte, hermana de D. Rodrigo: buena situación. Item, a casa de D. Manuel del Camino. Buen terreno, bien cultivado; trozos de camino bien compuesto. Por la tarde, toda la familia de Argüelles; bulla y diversión gran parte de la noche.

Domingo, 24.- Detención, por ser un día de abundantísima lluvia: no cesó hasta cerca de la oración.

Lunes, 25.- Salida de Valdesoto con buen tiempo hasta el Rebollar; camino firme; allí la carretera de La Pola, que se corta; sigue el camino por terrenos firmes y bien tendidos; proporción de llevarle a subir a los campos de la Ribolta, por la casa y la ería de la La Teya, o bien doblar faldeando hasta vencer la cuesta rodeándola; de allí sigue hasta bajar a los prados de La Ribota, y luego a salir hasta la casería de Huerjo y lugarcito así llamado, de este punto se toma la ladera de enfrente que está al otro lado del lugar de Fano, y se le va faldeando por debajo de la casa de Rato, en Caldones, hasta que ya cerca de Contrueces cae en El Llano, y viene la línea a pasar por Ceares, siguiendo su calzada a entrar por la nueva puerta de San Bernardo.

La comida fue de fiambres, y en el campo, en un prado de la casería de Zarracina, en Fano. Vimos esta iglesia, cuya portada, de arquitectura asturiana, está bien conservada: compónese de muchos arcos resaltados uno sobre otro, que apoyan sobre columnas estriadas en espirales, en cuerda, y aun lisas sin correspondencia entre sí, como tampoco la tienen los capiteles, que son de follajes e imaginería, ni las impostas, dovelas, etc.; el grande arco exterior se apoya en la portada sobre dos jambas lisas, y en la del lado de la epístola hay un nichito y en él un bajorrelieve que representa algún santuco feísimo. Salimos a Gijón, donde llegamos a la oración. Allí descanso martes y miércoles, 26-27.

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Una de las anotaciones más llamativas que Jovellanos dejó en su Diario es el que se refiere al cultivo del maíz en Asturias; lo dejó escrito como apéndice a esta visita a Valdesoto. Muy posiblemente fue en este lugar donde pudo ver y comprobar lo que va describiendo.

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CULTIVO DEL MAÍZ

VALDESOTO. -Sementera de maíz.- Cogida la cosecha de trigo o escanda a últimos de julio o principios de agosto, pastan los ganados el rastrojo y hierbas producidas hasta principios de febrero; entonces se da a la tierra la primera reja, que llaman arar; en esta operación no quedan surcos porque se ara muy junto; a principios de abril la operación de abatir, y se reduce a pasar un rastro de madera con once dientes de hierro de tres pulgadas de largo, por toda la superficie de la tierra, tirado de bueyes y en sentido contrario del que llevó el arado, esto es, de la secha, que así llaman porque no hay surcos, sino una huella de la dirección que llevó el arado. Para explicar esto, adviértase que delante del arado va el sechorio, que es un instrumento reducido a una gran cuchilla que hiende y corta la tierra hasta una tercia de profundidad, tirada de dos bueyes, para facilitar el paso del arado; sigue éste por la misma línea, y volviendo siempre la tierra cortada por la secha encima del surco anteriormente hecho; hecha la operación del rastro, se echa encima el estiércol, cal o manga de abono, primero en montones de la cuarta parte de una carrada, y a proporcionada distancia, los cuales se esparcen con un instrumento a manera de tenedor de hierro de cuatro dientes, llamado triente (porque sin duda fue de tres en lo antiguo), o pala por toda la superficie; después de lo cual, desde mediados de abril basta mediados de mayo (según los climas) se siembra el maíz a puño, muy esparcido, y entonces se da una reja de arado muy ligera para volver la tierra sobre el grano, a que llaman binar. Inmediatamente se siembran las habas encima, también a puño y mucho más esparcidas,y se pasa el rastro por encima en cuanto las cubre; y si quedan aún terrones, como sucede en años secos, y tierras fuertes, se rehacen a mano con unos machetes de madera, y a esto llaman mayar terrones. Cesan las labores hasta entrado junio, y desde entonces a San Juan se hace la operación de la salla, reducida a cavar ligeramente la tierra con un zarcillo, que es una fesoria corta de mango y ancha de pala, y algo más vuelta, con cuatro objetos: primero, limpiar la tierra de todas las hierbas extrañas; segundo, quitar las plantas de maíz sobrantes; tercero, dejar las útiles a la distancia conveniente de una tercia de planta a planta, y cuarto, mover más la tierra para que reciba mejor las aguas; en esta operación se hace lo mismo con las habas, disponiéndolas de manera que queden una mitad de plantas de maíz. Adviértase que al tiempo de las habas se siembran las calabazas, ya mezclando con ellas algunas pepitas, o bien en hoyos, pero en muy corta cantidad, pues ocho o diez plantas bastan para llenar un día de bueyes; aun así son pocos los que las ponen, porque esquilman mucho la tierra. Tal vez se siembren con las habas, arvejos, y aun en algunas partes panizo. Cuando las habas no han salido bien, entonces se siembran las que faltan al tiempo del sallo, y esto se llama semar al zarciello. De principios de julio a la Magdalena, se hace la operación del arriendo, reputada tan esencial que hay un refrán que dice: “El que no per-arrienda, non va a la Madalena”, esto es, a la romería de la Magdalena. Nótese una singular costumbre: cuando el sallo no está acabado para San Juan, y el arriendo para la Magdalena, se mira esto como un vicio reprensible, y para zaherirle se burla a la mujer del colono que lleva la tierra, poniendo en ella una figura de mujer a que llaman la muyerina, con un zarciello en la mano, en acto de sallar o arrendar; esta sátira se dirige a las mujeres porque estas dos operaciones no sólo corren a su cargo, sino que se ejecutan ordinariamente por ellas. El arriendo, pues, se reduce a allegar alguna porción de tierra al pie de cada planta de maíz o habas, con dos objetos: primero, con el de quitar todavía las plantas sobrantes según el cálculo del año, las cuales se aprovechan para forraje; segundo, para cubrir las raíces y defenderlas de la acción del sol para que no las deseque. El maíz, en la operación del sallo, tendrá de tres a cuatro dedos de alto; cuando se arrienda, de media vara a dos tercias. Cesan entonces las operaciones hasta mitad de agosto; entonces se cogen las habas, sin otra diligencia que arrancarlas de raíz, y como algunas han entretejido sus vástagos con el tronco de los maíces, éstos se dejan hasta su cosecha. Cogidas las habas, se tienden al sol; y cuando ya están bien secas, se machacan con palos o varas largas para que las vainas suelten la semilla, la cual se pasa por un vaño, cae en el montón, y el viento lleva las aristas: esto es un aecho; las vainas y pies de las habas, a que llaman fabaraca, se guardan para el ganado,y regularmente se dan a las ovejas en tiempo de nieves, por quien las tiene. Desde principios de octubre se siega el maíz, por el pie y planta a planta, ya con hoces, ya con cuchillas puestas en un palo. El segador coge la planta, aplica la hoz al pie y la corta, dejando la raíz en tierra. Las plantas segadas se ponen en montones piramidales, que llaman tucas, cuya base tendrá de diámetro vara y media, y se regula tener cada una un copín de grano. La planta del maíz apenas lleva más que una panoya bien llena; es muy común que tenga dos, pero la segunda es entonces pequeña. Tal vez tiene tres, pero casi siempre la tercera es vana. A los quince días que se tiene para secar en esta forma, se hace la cueya, esto es, se quitan las panoyas que están en la planta, y colocadas en carros se llevan a casa del labrador, se deja aún la planta tendida en la tierra y, ya más seca, se guarda y sirve para estos usos: primero, para el estiércol, echándolo en las estrados (es poco frecuente); segundo, para el ganado vacuno, dándoselo en primavera picado, y mezclado con alcacer. Síguese a esto, la operación de la esfoyaza, que se hace por turnos en las casas de los labradores, concurriendo los mozos de la redonda a ellas: las mujeres desenvuelven las hojas, descubriendo el grano de la mazorca, separando las inútiles y dejando tres o cuatro, y los hombres tejen estas hojas unas con otras formando riestras (ristras) de cuatro a cinco varas de largo, a que llaman piñones cuando son más cortas. Esta operación es de mucha alegría: se canta mucho; se tiran unos a otros las panoyas; se retoza y se merienda tortillas de sardinas, o jamón con boroña,precisamente caliente, queso y peras o manzanas cocidas con la misma boroña. En otras partes, en lugar de merienda se da a cada uno un panecillo como de media libra, y en otras, garulla, esto es, corbates y peras y manzanas crudas. Esta esfoyaza es siempre de noche, y acaban a la una o las dos. Entonces los galanes acompañan a las mozas hasta sus casas, que suelen ser distantes, y al amanecer están en el trabajo. Estas riestras se cuelgan en lo interior de las casas, en lo exterior de los hórreos, y aun en los árboles; como algunas panoyas pierden todas las hojas antes o después de entrar en riestra, las sobrantes a que llaman maíz rabico (esto es, sin rabo), se ponen en sardo sobre la lumbre, y es el primero que se desgrana para el uso. Lo demás se desgrana a mano, oprimiendo con taruco (que es el tuétano de la panoya) los granos de otra; alguna  vez, cuando hay gran cosecha, se maya y saca o desgrana a palos para vender.

Cuando hay boda, va la novia con su madre por casa de los vecinos, y se les regala por cada uno un piñón o riestra pequeña de maíz. La mitad del resultado es para la madre; y si la cede a la hija, la lleva a colación y se le imputa en su legítima materna; la otra mitad le pertenece de derecho; así esta nueva familia junta el capital de su fortuna, ganando para sembrar y comer el primer año, y librando la subsistencia del resto en su trabajo. Otra tercera costumbre hace honor a este país: cuando algún labrador está enfermo, el cura, dispensa el trabajo de un día festivo para que sus convecinos vayan a hacer por él las operaciones de la cueya y demás, tributo de confraternidad tan propi dela caridad, como bien conciliarlo con el interés de cada uno. Lino. Alcacer.


NOTAS

1.  Véase: ADARO RUIZ, Luis.- Datos y documentos para una historia minera e industrial de Asturias, Vol. I. Los comienzos de la minería del carbón de piedra y de los hornos de cok. El Real Instituto Asturiano, Gijón, Suministros Adaro, S.A., 1981; Vol. III. Documentación de la minería asturiana (1383-1803). Grabados con escenas y planos de la minería española y europea, Gijón, Suministros Adaro, S.A., 1989

2.  Texto en B.A.E., t.50, pp. 463-467; también en MENÉNDEZ PELÁEZ, J., Jovellanos y Asturias, pp. 109-124

3.  Tomamos el texto de GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS, El Diario de los Viajes, introducción, estudio y notas de Jesús MENÉNDEZ PELÁEZ, Oviedo, Grupo ALSA, 1998


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