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VIAJE DE JOVELLANOS A VALDESOTO20 de OCTUBRE de 1790Jovellanos se encuentra, a partir del 8 de septiembre de 1790, en Gijón, a donde había llegado desde Madrid. Después de unos días de descanso, emprende un viaje por Asturias comisionado para examinar los problemas que planteaba la explotación del carbón en Asturias. El problema, en síntesis, era el siguiente1. La
explotación de
carbón en Asturias empieza a desarrollarse con cierta intensidad entre
1760 y 1770. El interés nacional que despierta nuestro carbón, es el
nuevo sistema de lastre que empiezan a utilizar los barcos de guerra al
emplear lingotes de hierro fundido, que permitía obtener unas piezas de
peso uniforme, lo que era muy importante para la estabilidad de los
barcos. Para la fundición de este hierro se utilizaba carbón mineral.
Por eso el ministerio de Marina tiene sumo interés en disponer de minas
que abastezcan el consumo de los hornos dedicados a fabricar estos
lingotes y también armas y municiones. Este el contexto en que empieza
a explotarse el carbón en nuestras cuencas mineras. Este mandato es lo que intenta cumplir en esta “inspección de
minas” que realiza en tres viajes: 1º
Gijón-Ribadesella-Llanes con visita al santuario de Covadonga. 2º Gijón-Avilés. 3º Gijón –Valdesoto. Los tres
recorridos los realiza de continuo. Este es el contexto de una de las
visitas más significativas que Jovellanos hizo a Valdesoto, cuyas
impresiones dejó recogidas en su Diario que transcribimos a
continuación3: Miércoles, 20 de Octubre.- Salida de Oviedo a las nueve y media de la mañana tiempo nublado y bochornoso; camino por la nueva carretera; excelentes terrenos cerca de La Pola; prado de D. Bernardino Asón, en que se tasó un día de bueyes en partición judicial, en 700 ducados. Le hay también de tierra labrantía valuado en 500 ducados. (Un día de bueyes comprende 60 varas de largo y 30 de ancho, o 1.800 varas cuadradas. Subida al monte, de la parte desde donde se registran los concejos situados en derredor del de Siero. Por Oriente, Sariego, Nava, Bimenes. Al Sur, Langreo, Tudela. Poniente, Oviedo, Llanera. Al Norte, Gijón, Villaviciosa. Además, se ve todo Llanera y Las Regueras, y montañas y algunos valles de todos los concejos de Asturias, menos los que están de Luarca allá. De allí se descubren muchos montezuelos de figura de un cono, que no son más que cráteres inversos, si puede decirse así. A comer a Valdesoto; magníficamente; pero solos el Magistral, Antón y Martinita Carreño [y Cañedo] y yo. Larga siesta; por la noche se escribió la descripción de las operaciones del maíz por el método que se verá. Jueves, 21.- Salida de mañana; subida al monte del Carbayín; toda la pendiente expuesta al Norte; abundancia increíble de minas abiertas en él. Vimos la mina de la Riega del Coplu, colocada su veta verticalmente; cinco cuartas de ancho; costeros de peña; algo echada sobre Poniente. Se trabaja con cincuenta varas dentro; siguiendo la dirección al sur, vuelta a poniente. Excelente carbón; en el fondo había una cámara como de dos varas de ancho. Un mozo saca el carbón en un cesto, le va llevando al carro, luego se calcula el peso a ojo, y se cobra por cada arroba un cuarto; así que suelen llevar una peseta por un carro tirado de dos bueyes, y seis [reales] por otro tirado de seis, pues se regulan los primeros de 32 a 36 arrobas, y los segundos de 50 a 54. Cargaba entonces su carro Pedro Carreño, vecino de La Carrera; tenía dos bueyes de valor de sólo 600 reales y llevaría de 36 a 38 arrobas, por confesión suya, del mozo, de los carboneros. Dijo que con los mismos dos bueyes había llevado, desde Lieres a Gijón, 46 arrobas. Salida a las ocho dadas; el jueves 11, a buscar el monte del Carbayín, perteneciente a la parroquia de Valdesoto; abundancia de minas en la ladera expuesta al Norte. Mina de la Riega del Coplu. Dos trabajadores (Pepe Casomera y su hermano, y otro llamado el Cotín) en ella, a la profundidad de cuarenta a cincuenta varas, sin un solo puntal. Otra que llaman del Soldado (mote), que está en la Rieja del Carbayín, castañedo de Alfonsón. Mina grande en el mismo monte (castañedo de Pachín de Argüelles), trabajada antes por los ingleses, hoy cegada. Horno para ensayos, pequeño, muy rebajado, sin respiradero, con boca en arco. Se trajeron muestras de carbón, y de quat [coke] esto es, crudo y desazufrado. Monte de la Cruz, en la misma parroquia; vertientes al Norte; se ve el sitio de la parroquia de Feleches, donde se hallan cuatro minas grandes; siguiendo la misma falda, en la parroquia de Lieres, está la mina grande del monte de Lieres, a un tiro de fusil del Plantío Real, beneficiada, según arte, por los ingleses: nueve varas de ancho; está en la primera cueva, o galería, a treinta varas en lo interior; baja, primero, sigue luego horizontalmente, y al fin, sube, volviendo sobre la derecha. Corren hoy los trabajos a cargo de este Policarpo Fernández, por estar ausente el inglés. Su hermano es también instruido. Trabajan hoy tres cavadores a cinco reales de jornal. Policarpo tiene ocho; el inglés, veinte. Principiaron por San Fernando de este año. Han enviado a Gijón mil quintales; han vendido para caleros, ciento cincuenta; van gastados seis mil y tantos. Camino por Pangrán y Ruedes, distantes del puerto cinco leguas.Hoy toman ya el camino de La Rodriguera, incorporándose en el camino, de las otras minas en la Barrera. El carbón, excelente, pero blando; se deshace fácilmente al aire, y queda sólo de uso para caleros; pero se sacan grandes témpanos, y es también extraíble. Siguiendo el mismo monte por la misma parroquia hacia oriente, al medio cuarto de legua está la mina del Solano, en el confín de los concejos de Siero y Nava; pero ya en éste; grande y la única que se conoce en él. Probada por los ingleses y pospuesta a las dos citadas. Comimos en Aramil, en casa del primo don Sebastián Vigil Jove Ramírez. Viernes, 22.- Salimos al frente hasta subir los montes que vierten al valle de Langreo; pasamos por el lugar de Caballeros, parroquia de Hevia, desde donde vimos el incendio del lugar del Corripu, de la de Valdesoto, situado en una altura a distancia y mano izquierda del camino. Deliciosa vista del valle de Langreo (en instrumentos antiguos Lancritus), atravesado por el Nalón; muchos y bellos prados coronados de árboles en la parte más ancha, que es una vega fertilísima. Algunas minas antes de bajar, casi horizontales y con exposición entre oeste y sur. Faldeamos el valle por la izquierda; subimos a los montes en que están las minas más abundantes que reconocimos; muchas, abundantes, verticales, expuestas entre norte y poniente, altas en las cañadas de las vertientes, bastante anchas, y de buen carbón. Comimos muy agradablemente en un castañar; seguimos toda la orilla del río hasta subir por la izquierda la parte más baja del monte del Carbayín. Antes de llegar a su altura vimos la mina llamada del Madrilanu, por quien la beneficia, en el sitio llamado del So’l foru: abundante, de cuatro a cinco varas de profundidad, expuesta entre sur y oeste, vertical y algo inclinada al norte. El solo sacaba; había dos carros, uno cargado y otro a la carga. Se regulaba ésta de treinta y cuatro arrobas. Se saca cada carro con los cuatro bueyes hasta la altura; allí cada yunta toma el suyo, y sigue hasta Gijón, por Siero, a salir bajo La Rodriguera al camino nuevo. En frente, hay otra mina del mismo; quiere establecerse allí, abrir un trozo de camino, hacer casa; estorbado por un vecino, sin embargo de ser el sitio común. Al paso tocamos en Arenas mineral de succino; no le vimos por ser noche. Sábado, 23.- Visitas en casa de don José [García] Argülles, llamado de la Cabezada, casado con mi señora Dª. Manuela de Llano Ponte, hermana de D. Rodrigo: buena situación. Item, a casa de D. Manuel del Camino. Buen terreno, bien cultivado; trozos de camino bien compuesto. Por la tarde, toda la familia de Argüelles; bulla y diversión gran parte de la noche. Domingo, 24.- Detención, por ser un día de abundantísima lluvia: no cesó hasta cerca de la oración. Lunes, 25.- Salida de Valdesoto con buen tiempo hasta el Rebollar; camino firme; allí la carretera de La Pola, que se corta; sigue el camino por terrenos firmes y bien tendidos; proporción de llevarle a subir a los campos de la Ribolta, por la casa y la ería de la La Teya, o bien doblar faldeando hasta vencer la cuesta rodeándola; de allí sigue hasta bajar a los prados de La Ribota, y luego a salir hasta la casería de Huerjo y lugarcito así llamado, de este punto se toma la ladera de enfrente que está al otro lado del lugar de Fano, y se le va faldeando por debajo de la casa de Rato, en Caldones, hasta que ya cerca de Contrueces cae en El Llano, y viene la línea a pasar por Ceares, siguiendo su calzada a entrar por la nueva puerta de San Bernardo. La comida fue de fiambres, y
en
el campo, en un prado de la casería de Zarracina, en Fano. Vimos esta
iglesia, cuya portada, de arquitectura asturiana, está bien conservada:
compónese de muchos arcos resaltados uno sobre otro, que apoyan sobre
columnas estriadas en espirales, en cuerda, y aun lisas sin
correspondencia entre sí, como tampoco la tienen los capiteles, que son
de follajes e imaginería, ni las impostas, dovelas, etc.; el grande
arco exterior se apoya en la portada sobre dos jambas lisas, y en la
del lado de la epístola hay un nichito y en él un bajorrelieve que
representa algún santuco feísimo. Salimos a Gijón, donde llegamos a la
oración. Allí descanso martes y miércoles, 26-27.
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Una de las anotaciones más llamativas que Jovellanos dejó en
su Diario es el que se refiere al cultivo del maíz en Asturias; lo dejó
escrito como apéndice a esta visita a Valdesoto. Muy posiblemente fue
en este lugar donde pudo ver y comprobar lo que va describiendo. ****************************************
CULTIVO DEL MAÍZ VALDESOTO.
-Sementera de
maíz.- Cogida la cosecha de trigo o escanda a
últimos de julio o principios de agosto, pastan los ganados el rastrojo
y hierbas producidas hasta principios de febrero; entonces se da a la
tierra la primera reja, que llaman arar;
en esta operación no quedan
surcos porque se ara muy junto; a principios de abril la operación de
abatir, y se reduce a
pasar un rastro de madera con once dientes de
hierro de tres pulgadas de largo, por toda la superficie de la tierra,
tirado de bueyes y en sentido contrario del que llevó el arado, esto
es, de la secha, que así
llaman porque no hay surcos, sino una huella
de la dirección que llevó el arado. Para explicar esto, adviértase que
delante del arado va el sechorio,
que es un instrumento reducido a una
gran cuchilla que hiende y corta la tierra hasta una tercia de
profundidad, tirada de dos bueyes, para facilitar el paso del arado;
sigue éste por la misma línea, y volviendo siempre la
tierra cortada por la secha
encima del surco anteriormente
hecho; hecha la operación del rastro, se echa encima el estiércol, cal
o manga de abono, primero en montones de la cuarta parte de una
carrada, y a proporcionada distancia, los cuales se esparcen con un
instrumento a manera de tenedor de hierro de cuatro dientes, llamado
triente (porque sin duda
fue de tres en lo antiguo), o pala por toda la
superficie; después de lo cual, desde mediados de abril basta mediados
de mayo (según los climas) se siembra el maíz a puño, muy esparcido, y
entonces se da una reja de arado muy ligera para volver la tierra sobre
el grano, a que llaman binar.
Inmediatamente se siembran las habas
encima, también a puño y mucho más esparcidas,y se pasa el rastro por
encima en cuanto las cubre; y si quedan aún terrones, como sucede en
años secos, y tierras fuertes, se rehacen a mano con unos machetes de
madera, y a esto llaman mayar
terrones. Cesan las labores hasta entrado
junio, y desde entonces a San Juan se hace la operación de la salla,
reducida a cavar ligeramente la tierra con un zarcillo, que es una
fesoria corta de mango y ancha de pala, y algo más vuelta, con cuatro
objetos: primero, limpiar la tierra de todas las hierbas extrañas;
segundo, quitar las plantas de maíz sobrantes; tercero, dejar las
útiles a la distancia conveniente de una tercia de planta a planta, y
cuarto, mover más la tierra para que reciba mejor las aguas; en esta
operación se hace lo mismo con las habas, disponiéndolas de manera que
queden una mitad de plantas de maíz. Adviértase que al tiempo de las
habas se siembran las calabazas, ya mezclando con ellas algunas
pepitas, o bien en hoyos, pero en muy corta cantidad, pues ocho o diez
plantas bastan para llenar un día de bueyes; aun así son pocos los que
las ponen, porque esquilman mucho la tierra. Tal vez se siembren con
las habas, arvejos, y aun en algunas partes panizo. Cuando las habas no
han salido bien, entonces se siembran las que faltan al tiempo del
sallo, y esto se llama semar al zarciello. De principios de
julio a la
Magdalena, se hace la operación del arriendo,
reputada tan esencial que
hay un refrán que dice: “El que no per-arrienda, non va a la Madalena”,
esto es, a la romería de la Magdalena. Nótese una singular costumbre:
cuando el sallo no está
acabado para San Juan, y el arriendo
para la
Magdalena, se mira esto como un vicio reprensible, y para zaherirle se
burla a la mujer del colono que lleva la tierra, poniendo en ella una
figura de mujer a que llaman la muyerina,
con un zarciello en la mano,
en acto de sallar o arrendar; esta sátira se dirige a las mujeres
porque estas dos operaciones no sólo corren a su cargo, sino que se
ejecutan ordinariamente por ellas. El arriendo, pues, se reduce a
allegar alguna porción de tierra al pie de cada planta de maíz o habas,
con dos objetos: primero, con el de quitar todavía las plantas
sobrantes según el cálculo del año, las cuales se aprovechan para
forraje; segundo, para cubrir las raíces y defenderlas de la acción del
sol para que no las deseque. El maíz, en la operación del sallo, tendrá
de tres a cuatro dedos de alto; cuando se arrienda, de media vara a dos
tercias. Cesan entonces las operaciones hasta mitad de agosto; entonces
se cogen las habas, sin otra diligencia que arrancarlas de raíz, y como
algunas han entretejido sus vástagos con el tronco de los maíces, éstos
se dejan hasta su cosecha. Cogidas las habas, se tienden al sol; y
cuando ya están bien secas, se machacan con palos o varas largas para
que las vainas suelten la semilla, la cual se pasa por un vaño, cae en
el montón, y el viento lleva las aristas: esto es un aecho; las vainas
y pies de las habas, a que llaman fabaraca,
se guardan para el ganado,y
regularmente se dan a las ovejas en tiempo de nieves, por quien las
tiene. Desde principios de octubre se siega el maíz, por el pie y
planta a planta, ya con hoces, ya con cuchillas puestas en un palo. El
segador coge la planta, aplica la hoz al pie y la corta, dejando la
raíz en tierra. Las plantas segadas se ponen en montones piramidales,
que llaman tucas, cuya base
tendrá de diámetro vara y media, y se
regula tener cada una un copín de grano. La planta del maíz apenas
lleva más que una panoya bien
llena; es muy común que tenga dos, pero
la segunda es entonces pequeña. Tal vez tiene tres, pero casi siempre
la tercera es vana. A los quince días que se tiene para secar en esta
forma, se hace la cueya, esto
es, se quitan las panoyas que
están en la
planta, y colocadas en carros se llevan a casa del labrador, se deja
aún la planta tendida en la tierra y, ya más seca, se guarda y sirve
para estos usos: primero, para el estiércol, echándolo en las estrados
(es poco frecuente); segundo, para el ganado vacuno, dándoselo en
primavera picado, y mezclado con alcacer. Síguese a esto, la operación
de la esfoyaza, que se hace
por turnos en las casas de los labradores,
concurriendo los mozos de la redonda a ellas: las mujeres desenvuelven
las hojas, descubriendo el grano de la mazorca, separando las inútiles
y dejando tres o cuatro, y los hombres tejen estas hojas unas con otras
formando riestras (ristras) de
cuatro a cinco varas de largo, a que
llaman piñones cuando son más cortas. Esta operación es de mucha
alegría: se canta mucho; se tiran unos a otros las panoyas; se retoza y
se merienda tortillas de sardinas, o jamón con boroña,precisamente
caliente, queso y peras o manzanas cocidas con la misma boroña. En
otras partes, en lugar de merienda se da a cada uno un panecillo como
de media libra, y en otras, garulla,
esto es, corbates y peras y
manzanas crudas. Esta esfoyaza
es siempre de noche, y acaban a la una o
las dos. Entonces los galanes acompañan a las mozas hasta sus casas,
que suelen ser distantes, y al amanecer están en el trabajo. Estas
riestras se cuelgan en lo
interior de las casas, en lo exterior de los
hórreos, y aun en los árboles; como algunas panoyas pierden todas las
hojas antes o después de entrar en riestra, las sobrantes a que llaman
maíz rabico (esto es, sin
rabo), se ponen en sardo sobre
la lumbre, y es
el primero que se desgrana para el uso. Lo demás se desgrana a mano,
oprimiendo con taruco (que es
el tuétano de la panoya) los
granos de
otra; alguna vez, cuando hay gran cosecha, se maya y saca o
desgrana a palos para vender. Cuando hay boda, va la novia con su madre por casa de los vecinos, y se les regala por cada uno un piñón o riestra pequeña de maíz. La mitad del resultado es para la madre; y si la cede a la hija, la lleva a colación y se le imputa en su legítima materna; la otra mitad le pertenece de derecho; así esta nueva familia junta el capital de su fortuna, ganando para sembrar y comer el primer año, y librando la subsistencia del resto en su trabajo. Otra tercera costumbre hace honor a este país: cuando algún labrador está enfermo, el cura, dispensa el trabajo de un día festivo para que sus convecinos vayan a hacer por él las operaciones de la cueya y demás, tributo de confraternidad tan propi dela caridad, como bien conciliarlo con el interés de cada uno. Lino. Alcacer. NOTAS 1. Véase: ADARO RUIZ, Luis.- Datos y documentos para una historia minera e industrial de Asturias, Vol. I. Los comienzos de la minería del carbón de piedra y de los hornos de cok. El Real Instituto Asturiano, Gijón, Suministros Adaro, S.A., 1981; Vol. III. Documentación de la minería asturiana (1383-1803). Grabados con escenas y planos de la minería española y europea, Gijón, Suministros Adaro, S.A., 1989 2. Texto en B.A.E., t.50, pp. 463-467; también en MENÉNDEZ PELÁEZ, J., Jovellanos y Asturias, pp. 109-124 3. Tomamos el texto de GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS, El Diario de los Viajes, introducción, estudio y notas de Jesús MENÉNDEZ PELÁEZ, Oviedo, Grupo ALSA, 1998 |
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